En los últimos días, una ola de fuertes tornados en EE. UU. ha acabando con la vida de numerosos trabajadores en sus lugares de trabajo, debido a la negativa de los empresarios a tomar las medidas mínimas para mantener seguros a los empleados. Tragedias como estas equivalen a asesinatos corporativos. Exponen la insensibilidad inherente al capitalismo, que sacrifica diariamente la vida de los trabajadores al altar de las ganancias.

La revolución sudanesa ha dado un nuevo giro. 28 días después del golpe de Estado que le apartó del poder, Abdalla Hamdock fue restituido como Primer Ministro por la Junta Militar. Las calles, que han luchado y derramado sangre durante un mes para conseguir un gobierno civil, han recibido esta noticia, no con júbilo, sino con rabia.

Desde el mes pasado se han producido protestas masivas en toda Europa contra las medidas coercitivas y discriminatorias de los gobiernos para contener una nueva ola de la pandemia.Se han visto protestas en Alemania, Austria, Suiza, la República Checa, Eslovaquia, Croacia, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Bulgaria, por nombrar algunos países.También se han visto acontecimientos similares en otros países capitalistas avanzados, incluidos Estados Unidos yAustralia. 

El candidato de ultraderecha Jose Antonio Kast, pasa a segunda vuelta con una primera mayoría de 28%. Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad (coalición del Frente Amplio con el Partido Comunista) obtuvo el 26%, una diferencia de 150,000 votos.

Los resultados de las elecciones Legislativas del domingo pasado, mostraron qué lejos se encuentra la resolución de la crisis social, económica y política que sumerge a millones de trabajadores/ras. Una crisis que se expresó en los resultados del 12 de setiembre en las PASO con el desplome del Frente de Todos y que poco se modificó en el domingo pasado.