Treinta años han pasado desde la publicación de El Final de la Historia y el Último Hombre. Regodeándose tras el colapso de la URSS, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama hizo una afirmación asombrosa. La humanidad había alcanzado “el final de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno humano”.

El levantamiento de enero en Kazajistán, y particularmente en Almaty, fue el suceso más notable en la memoria viva de la mayoría de los kazajos. En su discurso ante la sesión extraordinaria de la CSTO [Organización del Tratado de Seguridad Colectiva], el presidente, Kasim-Yomart Tokayev, la describió como “la crisis más grave en los 30 años de historia de la independencia”.

Un reciente informe de UNICEF revela que 160 millones de niños -uno de cada diez en todo el mundo- realizan trabajos considerados mental, física, social y moralmente perjudiciales. Esto incluye trabajos altamente peligrosos como la minería submarina, el levantamiento de objetos pesados, el manejo de máquinas peligrosas en fábricas, así como el uso de productos químicos tóxicos en la agricultura. Todas estas tareas son realizadas por niños de apenas 5 años.

La revolución sudanesa se encuentra en una encrucijada crítica. Las fuerzas de seguridad están asesinando, violando y atacando a las masas con impunidad. La revolución ha respondido lanzando nuevas protestas, bloqueando barrios y realizando una huelga general de dos días, aunque esta última se vio debilitada por la falta de organización. Debemos ser claros: el tiempo se agota.

Durante los últimos meses, los medios de comunicación de todo el mundo han estado hablando de una nueva guerra en Europa. Según los servicios de inteligencia estadounidenses, Rusia ha trasladado más de 100.000 soldados a su frontera con Ucrania. También está realizando ejercicios militares conjuntos con Bielorrusia. Estados Unidos y la OTAN han mantenido una serie de conversaciones con Rusia, aunque ninguna ha resuelto aún la situación.

Las tensiones derivadas de la concentración de fuerzas militares en la frontera entre Ucrania y Rusia han hecho su regreso anual a principios de 2022, aunque últimamente se han visto eclipsadas por los acontecimientos en Kazajistán. Incluso hasta que Kazajistán suplantó el alarde de poder militar en las noticias, había pocos indicios de que alguien creyera realmente que iba a ocurrir algo de la magnitud de una guerra.