A medida que la pandemia de COVID-19 se prolonga hacia su segundo año, continúa exponiendo e intensificando las contradicciones del capitalismo mundial. La locura del nacionalismo de las vacunas demuestra claramente que un sistema basado en la propiedad privada y la división del mundo en Estados-nación antagónicos no está equipado para hacer frente a una amenaza viral que no entiende de fronteras, márgenes de beneficio o estrechos intereses nacionalistas.

La primera huelga nacional de trabajadores de Amazon en Italia tuvo lugar el lunes 22 de marzo, después de que la gerencia de Amazon se retirara de la mesa de negociación. Aunque es difícil medir el nivel exacto de participación, la huelga fue un éxito rotundo.

La pandemia está fuera de control en Brasil. Según datos oficiales, en este momento (21 de marzo) ya ha habido más de 294.000 muertes por la COVID-19 y todos los días se registra una media de aproximadamente 2 mil nuevas muertes. Teniendo en cuenta que no se registran todos los casos, es probable que estas cifras sean significativamente más altas.

Una nueva ley propuesta por los conservadores, que otorgaría a la policía poderes represivos sin precedentes, ha provocado una ola de ira y manifestaciones. En Bristol, el fin de semana pasado, la policía convirtió una protesta pacífica de 5.000 personas en un furioso caos.

La semana pasada, Gran Bretaña vivió una avalancha de rabia e indignación tras el descubrimiento del cadáver de Sarah Everard, de 33 años, en Kent. Fue secuestrada y asesinada mientras regresaba de la casa de una amiga en el sur de Londres. Un policía fuera de servicio fue detenido y acusado de este atroz crimen. El fin de semana, la policía reprimió brutalmente una vigilia pacífica en Clapham Common utilizando como excusa las restricciones de la COVID-19.

El pasado martes 16 de marzo, ocho personas, incluidas seis mujeres de origen asiático, fueron asesinadas a tiros en tres salones de masajes en Atlanta, Georgia. El sospechoso, Robert Aaron Long, es un hombre blanco, cliente frecuente de los establecimientos de masajes asiáticos, incluido el lugar de su primer ataque, para obtener servicios sexuales.

Las impactantes revelaciones del príncipe Harry y su esposa Meghan sobre el funcionamiento interno de la Familia Real han detonado dinamita en los cimientos de la Monarquía, un pilar clave de la clase gobernante británica. Ha llegado la hora de derrocar esta corrupta institución.