Las tensiones derivadas de la concentración de fuerzas militares en la frontera entre Ucrania y Rusia han hecho su regreso anual a principios de 2022, aunque últimamente se han visto eclipsadas por los acontecimientos en Kazajistán. Incluso hasta que Kazajistán suplantó el alarde de poder militar en las noticias, había pocos indicios de que alguien creyera realmente que iba a ocurrir algo de la magnitud de una guerra.

El reciente juicio y sentencia a Ghislaine Maxwell, figura de la alta sociedad británica y traficante sexual, abrió el telón de la repugnante guarida del abuso en la que habita la clase capitalista, con todos los ojos puestos ahora en el príncipe Andrés y la monarquía en crisis.

La crisis en la frontera entre Polonia y Bielorrusia sigue intensificándose. El 8 de noviembre, cerca de 4.000 refugiados llegaron a los alrededores de Kuźnica, donde intentaron cruzar la valla fronteriza. Los guardias fronterizos polacos les dispararon gases lacrimógenos. El número de refugiados en la frontera aumenta cada día. El Estado polaco ya ha enviado muchas unidades de guardia fronteriza, soldados, policías e incluso unidades antiterroristas.

Desde el mes pasado se han producido protestas masivas en toda Europa contra las medidas coercitivas y discriminatorias de los gobiernos para contener una nueva ola de la pandemia.Se han visto protestas en Alemania, Austria, Suiza, la República Checa, Eslovaquia, Croacia, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Bulgaria, por nombrar algunos países.También se han visto acontecimientos similares en otros países capitalistas avanzados, incluidos Estados Unidos yAustralia.