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Editorial del número 80 de Lucha de Clases - La clase obrera, lenta pero persistentemente, está pasando al frente de la escena social en un número cada vez mayor de países. Los trabajadores están emergiendo de la pandemia con una mayor conciencia y sentido de la dignidad acerca de su papel en la economía y la sociedad.

Mientras millones de familias trabajadoras vienen enfrentándose en todas partes a un destino de vida o muerte desde hace casi dos años, y han respondido al desafío poniendo en pie su valores humanos innatos de solidaridad, afecto y ayuda desinteresada al prójimo, estamos viendo en cambio cómo los empresarios, los ricos y los explotadores de todo tipo, siguen tratándonos como simple materia de explotación, desechable en muchos casos, para colmar su sucia codicia.

Este mayor sentido de su dignidad y de avanzar en nuestras precarias condiciones de vida es lo que está detrás de la “queja” empresarial sobre la “escasez” de trabajadores en muchos sectores, fundamentalmente en los más explotados: hostelería, transporte, agrícola, construcción, etc.

Y es que la burguesía trata de “adecuar” las condiciones laborales a la nueva “normalidad” con salarios más bajos, empleos aún más precarios, impago de horas extras, y menos derechos. Pero los trabajadores hemos sufrido durante este tiempo la incertidumbre sobre el futuro de nuestros empleos, rebajas de sueldo a través de los ERTES, y para colmo se ha desatado una inflación desbocada de la que no tenemos ninguna responsabilidad. No aceptamos un apriete de tuercas más, cuando vemos crecer nuevamente los beneficios empresariales.

Todo esto es combustible para el conflicto social y para un auge sin precedentes, respecto a años atrás, de la lucha de clases.

Seguir el ejemplo de Cádiz

La huelga del sector del metal de Cádiz, que acaba de terminar, ha sido una primera expresión de este cambio de ánimo, y ha sonado como un aldabonazo para toda la clase obrera española. Su eco atravesó, incluso, las fronteras del país. Fueron 9 días de huelga indefinida con represión policial, precedida por paros de 48 horas en días previos, que mostraron un nivel de combatividad y determinación en la lucha no visto en años. Pese a este heroísmo, las direcciones burocráticas de CCOO y UGT frustraron lo que podría haber sido una victoria contundente, firmando un acuerdo que implicaba una pérdida del poder adquisitivo de los salarios, si bien a una escala menor de lo que pretendía la patronal quien tampoco pudo imponer la eliminación de las pagas extras. Aun así, en general, para el conjunto de la clase obrera española el resultado de Cádiz ha sido visto como una victoria, aunque sea parcial, que está animando a nuevos sectores a salir a la lucha.

Coincidiendo con la huelga del metal de Cádiz vimos multitud de trabajadores lanzándose a la lucha contra los despidos, por el salario y las condiciones de trabajo, como en la limpieza de Cádiz y Alicante, Alcoa, Vestas y Alluibérica en Galicia, Pilkington en Sagunto, Inditex en Zaragoza, el Metal de Alicante, Grifols en Murcia, los trabajadores de Supermercados de Castilla y León, Amaya en Jaén, Ondara en Soria, el personal del Ministerio de Justicia y los interinos de la Administración Pública, los de Unicaja en Málaga, las trabajadoras de Ayuda a Domicilio, o los trabajadores de Telemarketing, entre otros.

Todas las condiciones están dispuestas para una explosión de luchas en las próximas semanas y meses.

Por el frente único sindical

En estas condiciones, es importante extraer lecciones de la estrategia sindical a seguir y del programa a defender.

Uno de los problemas del movimiento obrero español es su extrema dispersión sindical, a nivel regional y local, o de carácter corporativo, que se suma a la actitud escisionista de algunos grupos ultraizquierdistas. Por supuesto, la responsabilidad principal de esto recae en la burocratización extrema de las direcciones de CCOO y UGT, incluso a nivel de empresa, por su nefasta política entreguista a la patronal durante décadas y que repele a los trabajadores. Estas direcciones quieren vivir en buena cordialidad con los patrones y los gobiernos. Aun así, si algo ha revelado la lucha de Cádiz es que los sindicatos pequeños, aun los más honestos y luchadores –como fue el caso de la Coordinadora de Trabajadores del Metal de Cádiz– no pueden desafiar el papel central de las grandes centrales sindicales en este tipo de conflictos. Esto pone en pie la necesidad de crear grupos y corrientes de oposición antiburocráticos en el seno de estas organizaciones, que puedan emerger en una etapa posterior como una alternativa a sus direcciones actuales, tanto a nivel local, como provincial, regional y estatal.

Al mismo tiempo, deben promoverse organismos de frente único que agrupen a todas las organizaciones sindicales presentes en cada conflicto y crear comités de lucha, elegidos y revocables en cualquier momento en asambleas de trabajadores, que organicen y coordinen democráticamente las movilizaciones y esté presente en cualquier negociación con la patronal.

Esto último es también necesario para impedir que ningún burócrata sindical, a espaldas de los trabajadores, firme cualquier cosa con los patronos

Escala móvil precios-salarios

La clase obrera, formada por los trabajadores asalariados, es la única clase realmente productiva de la sociedad. Sus manos y cerebros construyen todo lo que es útil y necesario para la vida. Representa el futuro, frente a la decadencia parásita, egoísta y bárbara que encarna el capital. No puede tolerarse que las familias trabajadoras desciendan a la lumpenización y degradación de sus condiciones de vida. Es un imperativo preservarlas y mejorarlas. Por eso no puede aceptarse ningún recorte en el poder adquisitivo de los salarios a consecuencia de la subida desbocada de los precios que vemos. La exigencia de la escala móvil precios-salarios –que los salarios suban automáticamente con los precios– debe ser una reivindicación inclaudicable en cada conflicto sindical.

No podemos aceptar lo que cada empresario individual esté dispuesto a aportar, o lo que permita la marcha de su negocio, sino lo que necesitamos. Si los capitalistas y sus negocios basados en el lucro no están en condiciones de asegurar el futuro de sus trabajadores quiere decir que su existencia es una lacra y un obstáculo para el desarrollo social, y por tanto deben ser expropiados y dichas empresas nacionalizadas, puestas bajo control obrero, e integradas en un plan de producción social.

Dos, tres,… muchos Cádiz

Por último, hay que impedir el aislamiento de los conflictos. Hay que unificar la lucha entre empresas situadas en la misma zona geográfica, sean o no del mismo sector, como un primer paso para unificar las luchas a nivel regional y estatal ¡Juntos somos más fuertes! La consigna del momento debe ser, por tanto: crear dos, tres,… muchos Cádiz.

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