Cuestión nacional
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Este viernes 18 de octubre hay convocada una huelga general en Catalunya y una movilización masiva que será histórica, con cinco columnas marchando por toda Catalunya para confluir en Barcelona. Este día de acción se organiza bajo las consignas de rechazar la sentencia del “Procés”, por la libertad de los presos políticos catalanes y por el derecho a la autodeterminación. La Corriente Marxista Internacional en el Estado español, Lucha de Clases, apoya incondicionalmente esta jornada de lucha.

Esto viene después de cuatro días intensísimos de lucha donde cientos de miles de personas, particularmente la juventud, han demostrado un enorme coraje y determinación pese a la brutal represión a que han sido sometidos por las fuerzas policiales, Mossos d’Esquadra y Policía Nacional.

¿Quién genera violencia?

Los medios de comunicación han hecho mucho escándalo con la “violencia”, pero al margen o no de la existencia de infiltrados policiales dentro de los manifestantes, ha sido la represión brutal y violenta de manifestaciones inicialmente pacíficas, a iniciativa de las fuerzas policiales, la que ha desatado la indignación de miles de jóvenes que han respondido con todo lo que tenían a su alrededor para defenderse. Incontables personas han sido apaleadas, varias fueron atropelladas por vehículos policiales, 2 manifestantes han perdido un ojo, uno ha perdido un testículo, otro permanece en la UVI con traumatismo craneoencefálico, entre otros heridos graves. El aparato del Estado español necesitaba de esta “violencia” para, con ayuda de los medios de comunicación del régimen, tratar de desacreditar el movimiento y escindir las simpatías despertadas en el resto del Estado de la lucha desatada en Catalunya, y para introducir la división en la propia clase obrera catalana a fin de impedir que diera una respuesta poderosa este 18 de octubre.

Una lucha democrática que implica a todo el Estado

Pese a todo, las muestras de solidaridad se han desarrollado a lo largo y ancho del Estado, con concentraciones y manifestaciones en Madrid, Bilbao, Vitoria, Valencia, Mallorca, Alicante, Sevilla, Granada, Galicia, Cáceres, entre otras ciudades. Otras más hay proyectadas este fin de semana: Málaga, Cádiz, Donostia, Zaragoza, Segovia, etc.

La lucha de Catalunya no es una lucha sobre la independencia, es una lucha sobre el avasallamiento de los derechos democráticos, políticos y sociales de la población por una minoría no elegida ¿Quién compone esta minoría no elegida por nadie? Los grandes empresarios y banqueros, jueces, altos funcionarios del Estado, mandos policiales y militares, y una monarquía legada por Franco, que deciden qué podemos votar, opinar y decidir, para que sus intereses y privilegios no se vean amenazados. Sus palafreneros políticos en la derecha y en la dirección del PSOE, simplemente cuidan las cuadras de sus amos.

Se prohíbe el derecho de autodeterminación para Catalunya, como se prohíbe un referéndum sobre la monarquía, como se declaran intocables la reforma laboral del PP y su ley mordaza, o se impide investigar y procesar al Rey emérito pese a los suficientes indicios existentes sobre su implicación en cobro de comisiones ilegales y evasión de dinero al extranjero. Y todo eso ocurre, no importa si están en el gobierno Sánchez o Rajoy.

Hasta tal punto nos afecta lo que sucede en Catalunya que, con la sentencia del Procés en la mano, cualquier manifestación de masas por nuestros derechos que obstaculice la labor represiva de jueces y policías puede ser penada como “sedición” y sus promotores condenados hasta a 12 años de prisión, como parar un desahucio, impedir el apaleamiento de manifestantes por la policía, desoír un requerimiento judicial o policial de desalojo de una empresa amenazada de cierre que esté ocupada por sus trabajadores, o cualquier otra acción de masas que la policía considere que obstaculiza su labor. 

Juicio del Procés: farsa e infamia

El proceso judicial mismo del Procés muestra claramente este carácter autoritario del régimen del 78. La acusación de “rebelión”, en la que ni los propios acusadores creían y que al final cayó, sirvió para despojar "legalmente" a los acusados de sus derechos democráticos y "constitucionales" (no poder ejercer cargos públicos, prisión provisional de 2 años, etc.) y así quitarlos políticamente de en medio como referentes activos de la causa independentista. Con el cargo de “sedición” no hubieran podido hacer esto.
Ahora, que se descartó la rebelión ¿quién les devuelve sus derechos "constitucionales" despojados, quién les devuelve 2 años de vida en libertad?
Por supuesto, el cargo de sedición tampoco se lo cree el tribunal, que declara en su sentencia que nunca hubo intento por parte de la Generalitat de romper institucionalmente con el Estado español sino sólo de forzar una negociación.
Los únicos hechos con que se justifica el delito de "sedición" en la sentencia son, escandalosamente, las protestas y movilizaciones populares del 20 de septiembre y 1 de octubre de 2017 en Barcelona.
Por tanto, todo el juicio del procés, su instrucción previa, así como las sentencias, están viciados desde el inicio; son una impostura y una farsa, y por lo tanto son, moral y políticamente, una manipulación. Por no hablar de sus consecuencias en nuestros derechos democráticos.
No reconocer y desobedecer tal infamia, la sentencia del Procés, es por tanto un principio democrático elemental que va más allá de la cuestión independentista y del conflicto en Catalunya, como expusimos al inicio de esta declaración.

Por el derecho de autodeterminación

Como hemos reclamado innumerables veces, la unidad de los pueblos no pude imponerse, debe ser establecida sobre bases voluntarias y en pie de igualdad, sin prebendas de unos sobre otros, y decidida en un referéndum democrático. Pero el Estado español nunca aceptará que el pueblo catalán pueda decidir libremente su destino. En España, el derecho a la autodeterminación –como la lucha por una república democrática– es una tarea revolucionaria, que implica desafiar a un aparato de Estado y al sistema capitalista sobre el que se sostiene.

Ahora bien, si la lucha de Catalunya debe ganar tiene que hacerlo conquistando el apoyo mayoritario de la clase obrera catalana, con métodos de lucha de masas y combinando la demanda del derecho de autodeterminación con un discurso de clase socialista e internacionalista, que apele a la solidaridad de la clase trabajadora de fuera de Catalunya.

Por nuestra parte, en el resto del Estado, debemos sostener con todas nuestras fuerzas la lucha en Catalunya, porque su derrota será nuestra derrota. No es casualidad que los colmillos de la reacción parecieron brillar más intensamente tras la derrota del Octubre catalán de 2017. El desarrollo de Vox es la criatura fea de ese período temporal de semirreacción.

Papel lamentable de los dirigentes de Unidos Podemos

En este sentido, nos parece lamentable la postura adoptada por los dirigentes de Unidos Podemos. Han mostrado su desacuerdo con la sentencia del Procés, pero han llamado a acatarla. En lugar de utilizar esta sentencia para desacreditar al aparato del Estado y al sistema judicial, agachan la cabeza impotentemente implorando un “diálogo” imposible. Su postura, lejos de arrojar luz y claridad sobre lo que está pasando, reduce el nivel de conciencia de las masas sobre las que tienen autoridad, y permite que ideas reaccionarias anticatalanas y antidemocráticas se extiendan entre el resto de la población.

Ausentes de las movilizaciones que comienzan a darse por todas partes, cuando deberían estar a la cabeza de las mismas para potenciar su masividad, sólo les inquieta perder votos en las elecciones del 10N si muestran una postura clara y valiente de rechazo a la sentencia del Tribunal Supremo. Pero es la cobardía y la confusión lo que genera desconfianza. La claridad y la firmeza de las convicciones es lo que permite ganar el oído y el apoyo popular.

Alberto Garzón, en particular, ha tenido una postura escandalosa, poniendo en la misma balanza a los “independentistas violentos” que a la derecha: “Los mejores aliados de los independentistas violentos de estos días son Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal. Se necesitan mutuamente para justificar sus disparatados discursos, sus verborreas belicistas, sus relatos ultranacionalistas y sus prácticas inertes”.  Garzón nunca ha entendido la cuestión nacional catalana, ni el derecho democrático de autodeterminación. Su “equidistancia”, en la medida que existe un agredido y un agresor, le coloca realmente al lado de este último. Sus aliados en Catalunya, Ada Colau y Jessica Albiach, no lo están haciendo mejor. Con un cretinismo digno de un converso furioso, estas “exactivistas” le reprochan vergonzosamente a Quim Torra actuar como un “activista” por alentar la movilización popular (aunque éste  consiente y justifica por detrás la represión de los Mossos), cuando son ellas quienes deberían estar al frente de la lucha.

La república catalana, chispa de la revolución ibérica

La lucha por la república catalana tiene todo nuestro apoyo. Una lucha exitosa de este objetivo sería la chispa que iniciaría una lucha de conjunto en todo el Estado por la república y el derrumbe del Régimen del 78. Si la clase obrera, tanto en Catalunya como en el resto del Estado, se pusiera al frente de la lucha, la lucha por las repúblicas podría rápidamente ampliar sus objetivos hacia el socialismo. Una federación voluntaria de repúblicas socialistas ibéricas podría establecerse en esas condiciones, sólo para extender la lucha por el socialismo al otro lado los Pirineos y más allá

Es por ello, que en esta jornada histórica, proclamamos:

  • ¡Libertad presos políticos! Movilización sostenida y masiva contra las sentencias!
  • ¡Por la Huelga General en Catalunya!
  • ¡Solidaridad con el pueblo catalán!
  • ¡Para conseguir la república hay que hacer una revolución!
  • ¡Por la república socialista catalana, chispa de la revolución ibérica!