La crisis del coronavirus está exponiendo con claridad todos los defectos y contradicciones del sistema; y unos quizá más que los otros, como la anarquía del mercado. Esta se basa en la esencia misma del sistema capitalista, que no es otra que la producción de mercancías, y que se caracteriza por la interacción entre vendedores de mercancías y sus compradores.

Durante el año 2018, en España murieron por enfermedad 411.946 personas (https://www.ine.es/prensa/edcm_2018.pdf). A 27 de marzo, 4.858 personas han muerto con Covid-19 en todo el Estado. Es una cifra alarmantemente alta y, sin embargo, no se encuentra muy alejada de los fallecimientos provocados por otras causas como el suicidio (3.539) o las caídas accidentales (3.143).

Una sociedad socialista, liberada del dominio del beneficio privado, podría avanzar rápidamente en contener y mitigar el cambio climático. Por supuesto, se necesita un período de transición hasta desarrollar una alternativa energética global a los combustibles fósiles y a la energía de fisión nuclear. Por un tiempo sería inevitable seguir utilizando estas energías para evitar un colapso de nuestras sociedades, pero desde el primer momento su uso se iría reduciendo progresivamente. Lo que sí podemos afirmar es que la transición hacia un sistema energético global no contaminante  avanzaría con rapidez. Ya en la sociedades actuales nos maravilla la enorme rapidez con que se extienden y homogeneizan a nivel mundial la técnica, los descubrimientos científicos, y los nuevos inventos y objetos de consumo, gracias al avance tecnológico, el desarrollo industrial, las telecomunicaciones y el transporte ¡Cuánto más sería posible avanzar en una economía planificada a nivel mundial, liberada de la propiedad privada, con la participación de toda la sociedad, y atendiendo solamente los intereses humanos y medioambientales!

No es casual que las matemáticas sean una de las asignaturas más difíciles en la educación básica y esto no se debe sólo a la existencia de malos profesores. La mente humana es esencialmente concreta y poco acostumbrada a trabajar con abstracciones tan desarrolladas como las que implica el pensamiento matemático. De hecho, así como los niños suelen sufrir con esta materia, la humanidad tuvo que pasar por un largo proceso de comparación cuantitativa antes de que depurara el concepto de número y operara con él como un objeto abstracto.

Está claro que ante problemas tan vastos, cuyos efectos se evalúan a lo largo de décadas, como el cambio climático, la reducción de emisiones nocivas, la transición a fuentes de energía limpia, sería necesaria una coordinación y planificación a nivel global a corto, medio y largo plazo. Sería necesario involucrar a la población en la elección de las estrategias a adoptar: ¿en qué sectores deberían invertirse los recursos públicos? ¿Qué proyectos de infraestructura deben priorizarse? ¿Qué medidas son más urgentes para la protección del territorio y del medio ambiente?

In Defence of Marxism (la web de la Corriente Marxista Internacional) ha hablado con Leonid Shaidurov: un joven activista de 17 años que ha desempeñado un papel destacado en Rusia en el movimiento de huelgas escolares por el clima. Ha ayudado a organizar a los estudiantes en las escuelas y es miembro tanto del consejo de coordinación de Fridays for Future a nivel internacional como del comité de organización en Rusia. Aceptó ser entrevistado para dar consejos a los estudiantes de las escuelas que desean construir el movimiento en torno al cambio climático

La clase trabajadora no es un sujeto explotado más que padece en esta sociedad, como cualquier otro (autónomos, pequeños propietarios, pequeñas naciones, minorías sexuales, discapacitados, etc.). Es la columna vertebral que sostiene todo el andamiaje económico y social del país. Sin trabajadores que pongan en marcha las máquinas de las fábricas, los trenes, los aeropuertos, los autobuses, las centralitas de telecomunicaciones, los ordenadores de las oficinas públicas, el sistema eléctrico, el sistema de saneamiento, los hospitales, los supermercados y grandes centros comerciales, los pequeños talleres, la recogida de verduras y frutas en el campo, los teatros, cines y programas de TV, etc., no habría trabajo, no habría medios de consumo, no habría sociedad, no habría vida, no habría nada. Esta es la fuerza potencial que descansa en las manos y el intelecto de la clase obrera, y de la cual no dispone ninguna otra clase o capa social oprimida en nuestra sociedad.