La pandemia que se extiende por todo el mundo ha desencadenado una recesión mundial. La clase dominante está tratando de encontrar los medios para amortiguar este golpe salvaje a la economía. En su desesperación, están rompiendo todas las reglas que han dirigido su política durante los últimos 80 años. El sistema capitalista se enfrenta a la peor crisis de su historia.

Con el desplazamiento del epicentro de la pandemia de coronavirus a Europa, la región se enfrenta ahora a su crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Todos los pilares de la llamada integración europea se están derrumbando bajo una enorme presión.

El coronavirus se ha convertido en el catalizador de un colapso en los mercados bursátiles, con caídas drásticas en todas partes en este "lunes negro". La epidemia reciente es un accidente histórico que ha expuesto la profunda enfermedad del sistema capitalista, que en cualquier momento corre el riesgo de caer en una recesión aún más profunda que en 2008.

Las perspectivas para la economía mundial son cada día más sombrías. Los gobiernos están tirando de todo lo que tienen para enfrentarse a la situación. Pero se quedaron sin munición cuando combatieron la última crisis. No hay salida bajo el capitalismo.

El último brote de coronavirus ha causado la mayor ola de pérdidas en las bolsas mundiales desde 2008, eliminando 5 billones de dólares de los valores de las acciones en todo el mundo. A los mercados les preocupa que el virus tenga un grave impacto en una economía mundial ya débil. Estos temores no son infundados.

La crisis del coronavirus ha echado por tierra el aclamado “boom” portugués, basado principalmente en la ahora paralizada industria turística, y ha expuesto la fragilidad de esta atrasada economía europea. Los trabajadores portugueses deben seguir el ejemplo de sus hermanos y hermanas en Italia y España, los cuales se han enfrontado a los intentos de la patronal de hacerles escoger entre salud y paga con huelgas y lucha de clases.

La gran brecha económica entre la minoría súper rica del planeta y el resto ha crecido a lo largo de 2019, alcanzando un máximo histórico: un montante colectivo de 5,9 billones de dólares si juntamos el patrimonio de los 500 individuos más ricos del planeta.