Mundo árabe y oriente medio
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Egipto_22-11-2011_Tahrir_square_million_man_march-thAunque han pasado casi diez días desde que Alan Woods publicase este artículo en inglés, y los acontecimientos de han desarrollado rápidamente, damos a conocer esta aportación. Creemos que ayudarará a esclaracer el desarrollo de los procesos en Egipto, con la aceptación por parte de la Junta Militar de la victoria en las elecciones presidenciales del candidato de los Hermanos Musulmanes. El artículo está escrito justo antes de este reconocimiento por parte de la Junta Militar.

Egipto_22-11-2011_Tahrir_square_million_man_march-thLa Revolución egipcia ha tomado un nuevo giro en los últimos días. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF en sus siglas en inglés) ha lanzado una serie de ataques muy graves sobre la revolución. La policía militar ahora puede arrestar a civiles a voluntad y ha sido disuelto el Parlamento. Los generales también han anunciado adiciones a la Constitución de marzo de 2011 que les dan poderes casi ilimitados. Lo que se suponía ser las primeras elecciones presidenciales democráticas en la historia del país ha terminado en una farsa y en una lucha de poder entre dos facciones rivales de la burguesía egipcia: los Hermanos Musulmanes y las Fuerzas Armadas.

Es cierto que Mursi y Shafiq no son lo mismo. Los Hermanos Musulmanes no son la principal corriente contrarrevolucionaria, en este momento, pero ciertamente no es una fuerza revolucionaria y nunca lo ha sido. Representa ese ala de la burguesía egipcia que fue excluida del poder del Estado durante décadas y que está exigiendo su cuota, junto con la riqueza y los privilegios que la acompañan.

Inicialmente no apoyaron el movimiento contra Mubarak, pero vieron su caída como una oportunidad para trabajar con la Junta Militar y tomar un papel en el Gobierno. Es decir, se subieron al carro cuando ya estaba rodando, a cada paso han intentado hacer tratos con los generales y el antiguo régimen. La intención no es derrocar al régimen, sino llegar a un compromiso con él.

Por esta razón, durante la mayor parte del año pasado la Hermandad ha trabajado estrechamente con la Junta Militar, pero, para su consternación, en lugar de ser recompensada por sus servicios, ha sido expulsada de una patada. La última ronda de las elecciones presidenciales enfrentaban a Mohamed Mursi, de la Hermandad y el candidato de los generales, Ahmed Shafiq. Aún no se han publicado los resultados oficiales, pero está claro que ganó Mursi. Sin embargo, Shafiq reclama la victoria. Esto es una ceremonia de la confusión a gran escala. Está diseñado para confundir y desorientar a las masas, con el fin de preparar el camino para una ofensiva contrarrevolucionaria. Ya ha comenzado.

El viernes 15 de junio, el Tribunal Constitucional revocó una ley aprobada por el Parlamento que impedía la posesión de cargos a los altos funcionarios del Gobierno de Mubarak, despejando el camino a Ahmed Shafiq para competir en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del sábado y domingo. Pero lo que iba a tener aún mayores consecuencias fue cuando – apelando a problemas legales con la última ronda de las elecciones parlamentarias – el Tribunal ordenó la disolución del Parlamento.

Como si esto no fuera suficiente, las odiadas leyes de emergencia, promulgadas hace solo unas semanas, fueron reemplazadas por otras similares que otorgan poder al ejército para arrestar y judgar a civiles, incluso por delitos menores. El domingo por la noche, pocas horas después de la conclusión de la votación, la Junta Militar tomó nuevas medidas para consolidar su posición. Emitió enmiendas a la Constitución que limitan los poderes del futuro Presidente y expanden el papel del ejército, en particular, dándole una fuerte influencia en la redacción de la próxima Constitución.

El enmendado articulo 60 otorga a la Junta Militar el poder de nombrar potencialmente una Asamblea Constituyente para redactar la próxima Constitución si la Asamblea actual no consigue completar su mandato. La actual Asamblea fue elegida por un Parlamento que se disolvió la semana pasada por orden judicial. La Asamblea Constituyente necesita completar su labor en tres meses y someter después su proyecto a un referéndum popular.

Todas estas medidas, tomadas en su conjunto, equivalen en efecto a un golpe de Estado. Significaría una anulación de facto de todos los logros de la revolución y su liquidación jurídica. Puesto que no se llevó la revolución hasta el final y el viejo aparato estatal ha permanecido intacto, tal desarrollo resulta inevitable.

El golpe militar ha estado fraguándose desde hace tiempo. Lo que sucedió la última semana fue la culminación de un proceso que venía dándose desde hace meses. El problema se hizo visible con la reacción a la condena del ex dictador Hosni Mubarak el 2 de junio. Hubo protestas, pero mucho menos intensas que antes. Se estuvo probando el terreno para una ofensiva el año pasado y de una manera mucho más intensificada en los últimos meses. El hecho de que haya habido una cierta caída en la respuesta de las masas a las provocaciones ha desempeñado un papel decisivo. Las manifestaciones del 2 de junio fueron la expresión más clara de este hecho. Esto le dio a la Junta Militar la seguridad de que podía actuar sin hacer frente a una fuerte reacción. La creciente confianza de los generales llevó a pensar que podrían imponerse a los Hermanos Musulmanes.

El fin de las ilusiones

La etapa inicial de la Revolución se caracterizó por la falta de un programa claro y una cierta ingenuidad, especialmente en cuanto al papel del ejército egipcio. Ahora los revolucionarios están aprendiendo a abandonar sus ilusiones ingenuas sobre la base de amargas y duras experiencias.

El ejército egipcio no es un organismo homogéneo. Refleja las contradicciones de clase en la sociedad. Mientras que los soldados y amplias capas de oficiales simpatizaron con la revolución negándose a disparar sobre la gente, los rangos superiores del ejército estaban formados por fuertes partidarios del antiguo régimen.

Corruptos hasta la médula, los generales debían su estilo de vida privilegiado al saqueo del Estado y al control de partes rentables de la economía. Nunca renunciarán a estos privilegios sin luchar. Sus acciones eran perfectamente previsibles. Un artículo de Jadalliya (06 de junio de 2012) lo deja de manifiesto claramente:

"La junta quiere "irse", volver a los cuarteles, con las garantías constitucionales, jurídicas y políticas de que su posición, privilegios, control sobre la economía y toma de decisiones, permanezcan inalterados. En definitiva, sueñan con el viejo 'modelo turco'."

Sin embargo, la Revolución misma mostró que los generales no son todopoderosos. Todo lo contrario, su poder tiene límites definidos. En política, como en mecánica, cada acción produce una reacción igual y opuesta. En su intento de secuestrar la Revolución solapadamente, los generales provocarán una reacción por parte de las masas, que están empezando a entender que para lograr sus objetivos, es necesario ir más allá.

El viernes (el día en que el Parlamento fue disuelto) Jack Shenker, corresponsal de TheGuardian en el Cairo, escribió:

"Hay una enorme frustración y enojo, pero la gente está luchando para encontrar una salida. La gente está empezando a ver la Plaza Tahrir como una trampa - un tipo de espacio desinfectado en el que el ejército detrás del statu quo abre un espacio a la disidencia. Un lugar donde las personas pueden desahogarse pero al final un tipo de espacio urbano contenido en el que nada cambia.

"Tras el veredicto de Mubarak, una multitud de gente acudió a la Plaza Tahrir. Entre elementos de fiesta y de ira. Las fuerzas de seguridad mantuvieron su distancia y después de un par de días todo el mundo se fue a casa y la vida siguió con la contrarrevolucion avanzando. Temen que los generales militares hayan encontrado la manera de manejar Tahrir bajo su propia autoridad, donde la movilización realmente no amenaza el curso de la política institucional.

"Esto ha llevado a mucha desilusión. La gente no está segura de dónde tomar sus protestas y dónde tomar su energía. Vemos gente en la Plaza si bien una gran masa crítica permanece bastante dudosa por lo menos por ahora. "Pero eso puede cambiar después de las elecciones, especialmente si Shafiq gana".

En el último período, la Junta ha orquestado una campaña masiva en todos los medios con el fin de inculcar el miedo al caos en las mentes de la gente. La policía no ha estado aplicando la ley en las calles, lo que ha permitido a los elementos criminales proseguir con sus crímenes sin ser perturbados, con el fin de crear una sensación de inseguridad general. El objetivo es empujar a una parte de la clase media y al lumpenproletariado hacia la contrarrevolución y hacia Shafiq.

Si a esto le sumamos un elemento inevitable de cansancio después de meses de agitación, es fácil ver cómo la contrarrevolución ha recuperado su nervio y está cada vez más consolidada, segura y fuerte. Sin embargo, los reaccionarios son todavía muy débiles en comparación con el potencial revolucionario de las masas y especialmente de la clase trabajadora. Ese potencial es todavía muy fuerte, pero carece de una salida organizada y una expresión política clara. Ese es el problema central de la Revolución egipcia.

El papel de los Hermanos Musulmanes

Los líderes de los Hermanos Musulmanes han estado actuando de la peor manera posible, incluso desde el punto de vista de la democracia burguesa. De la manera más cobarde han aceptado todas las imposiciones, intrigas y maniobras de los generales.

Simplemente, con la participación en la segunda ronda electoral le dieron a los contrarrevolucionarios una cubierta "respetable". Ahora, después de colaborar con los generales durante meses, están gritando que han sido engañados. ¡Claro! Esto no es un juego de ajedrez donde las reglas están establecidas en un manual. Los generales están luchando para salvar su poder y sus privilegios, y eso significa una lucha en la que están permitidos los golpes.

Ayer [20 de junio], los Hermanos Musulmanes convocaron una manifestación de protesta, que, a juzgar por las fotos, fue grande. Es imposible a distancia tener una idea precisa del carácter masivo de la manifestación. Es posible que fuera principalmente de activistas, defensores, etc.. Esto puede encerrar algunos peligros. En tales momentos, los elementos más avanzados pueden ir demasiado lejos por delante de las masas, lo que puede resultar confuso y cansado. Puede conducir a derrotas. Las masas necesitan tiempo para integrar las lecciones y sacar conclusiones.

Estaba claro que muchas de las organizaciones revolucionarias (como el Movimiento juvenil del 6 de Abril) también apoyaron la protesta de ayer. ¿Fue correcto, o no? Por supuesto, fue correcto salir a las calles para protestar contra las actividades de los contrarrevolucionarios.

Manifestarse en las calles junto con los miembros de los Hermanos Musulmanes fue muy correcto y necesario. Pero protestar contra los contrarrevolucionarios es una cosa; apoyar la Hermandad, pedir su voto y abogar por la entrada de los partidos de izquierda en un gobierno de coalición con ellos: eso es completamente diferente.

El papel de los estalinistas

Algunos sectores del movimiento revolucionario, como el Movimiento 6 de Abril, se han declarado continuamente apolíticos, es decir, han dado la espalda a la política y no han adoptado ninguna posición política. Pero defendiendo unl mínimo común denominador, han desempeñado un papel perjudicial particular porque ayudan a perpetuar una línea política errónea de los partidos existentes y retrasan el desarrollo de una conciencia política auténticamente revolucionaria de la juventud.

Por otro lado, el papel de los estalinistas ha sido especialmente nocivo. Probablemente el mayor partido de la izquierda es el partido Tagammu, dirigido por ex-estalinistas. El 7 de junio, Egipto Independiente recogía las declaraciones del Presidente del partido Tagammu, Refaat al-Saeed, acerca de que las revoluciones en el mundo árabe “no son una casualidad, pero tienen detrás a partidos extranjeros que buscan extender el caos y cambiar los sistemas de gobierno".

Es exactamente el mismo lenguaje utilizado por los contrarrevolucionarios que pretenden desacreditar la Revolución atribuyéndola a "fuerzas extranjeras". Exactamente del mismo modo, los contrarrevolucionarios rusos acusaron a Lenin de ser un agente alemán en 1917.

Nos gustaría preguntar a los dirigentes de Tagammu: ¿Qué fuerzas extranjeras estaban detrás del derrocamiento de Hosni Mubarak? No se puede decir que fueron responsables los norteamericanos o israelíes, porque ambos tenían excelentes relaciones con Mubarak y su régimen, y no tenían ningún interés en derrocarlo. ¿Tal vez fue Rusia o China? No lo creemos. ¿Tal vez Plaza Tahrir fue organizado por hombres del planeta Marte?

En una reunión el jueves con miembros del Club al-Rowad en el décimo distrito de Ramadan City, Saeed calificó de "inaceptable" la idea de formar un Consejo Presidencial. Dijo que el Consejo, que reuniría a los ex candidatos presidenciales Hamdeen Sabbahi y Abdel Moneim Abouel Fotouh y, posiblemente Mohamed ElBaradei, para formar un gobierno civil, "sería un paso tardío si bien obtuvo/aunque obtuviera el consenso de la [gente] en la calle." Tal Consejo y su composición "resultaría altamente divisivo", dijo.

Aquí, el arte del sofisma alcanza alturas nunca antes vistas. La oposición a los militares – es decir, al antiguo régimen, se presenta como "divisiva"! Los líderes de Tagammu aparentemente no han notado que la sociedad egipcia estaba dividida mucho antes de la ocupación de la Plaza Tahrir – dividida entre ricos y pobres, trabajadores y jefes, opresores y oprimidos. En lugar de leernos pomposas homilías sobre los males de la "división", deberían dejar claro en qué lado están de la brecha social y qué intereses representan.

¿Representan los manifestantes de Plaza Tahrir a todos los segmentos de la sociedad? ", preguntó. “Si es así, dónde está entonces el derecho de otras plazas de Egipto a elegir al Consejo Presidencial?” El camarada Saeed sufre evidentemente de un lapsus de memoria grave. ¿Se ha olvidado ya de que pocos meses atrás, las plazas y calles de todo Egipto se llenaron de personas que exigían el derrocamiento de Mubarak y su régimen corrupto?

Fueron las "plazas de todo Egipto" las que derrocaron el odiado régimen de Mubarak. E hicieron esto sin ninguna asistencia de "fuerzas externas". El problema es que ellos no empujaron la Revolución hacia adelante para destruir todo el edificio podrido del poder del Estado en el que descansaba Mubarak; no expropiaron a los banqueros ni a los capitalistas; No purgaron al ejército de los viejos generales, jefes de policía, jueces y burócratas. Esa es la razón por la cual la Revolución se encuentra ahora en peligro.

El informe concluye: "el mayor peligro del Consejo Presidencial, dijo, es que podría poner en entredicho una transferencia al poder civil. Asimismo, instó al pueblo egipcio a no boicotear la segunda vuelta de las elecciones. Los ciudadanos deben respetar los resultados de las elecciones, dijo, porque rechazarlas sería empeorar la situación y dar lugar a graves consecuencias. En su discurso, Saeed también se mostró preocupado por las disputas y divisiones en la sociedad egipcia, que podrían conducir al colapso del Estado."

¿No es esto increíble? Según este "izquierdista", la manera de establecer un gobierno civil es entregar el poder al candidato de los militares! Insta a la población egipcia a no boicotear la segunda vuelta de las elecciones, es decir, a aceptar las "reglas del juego", inventadas por los generales para perpetuar su dominio. Advierte a los ciudadanos de que no aceptar el resultado de las elecciones manipuladas, no aceptar la "victoria" del candidato de la contrarrevolución, llevaría a "graves consecuencias", es decir, "las disputas y divisiones en la sociedad egipcia podrían llevar al colapso del Estado".

¿De qué Estado estamos hablando aquí? Un periodista de Democracy Now explicaba:

"Pero lo que está claro es que la Junta Militar ha tomado el control realmente de los aspectos básicos de lo que se suponía que se estaba construyendo en un Estado post-Mubarak estos últimos 16 meses. O sea, pasamos tres meses para las elecciones parlamentarias, y se han anulado simplemente. No ha habido ninguna reforma en el aparato de seguridad. No ha habido ninguna reforma de los medios de comunicación. No ha habido ninguna reforma del poder judicial. Así que, realmente, el régimen de Mubarak permanece todavía en su lugar. Y para colmo de todo, su último primer ministro está ahora en una segunda vuelta contra los Hermanos Musulmanes; es, en realidad, el mismo paisaje político que Egipto ha tenido desde hace muchas décadas”.

"Además de esto, las odiadas leyes de emergencia que se establecieron hace sólo unas semanas fueron reemplazadas por otras similares que otorgan poder al ejército para arrestar y judgar a civiles. El lunes añadieron a esto la revisión de la Constitución para darle poderes de veto a la Junta Militar en todas las cuestiones importantes relativas a la Constitución y a la política exterior".

Estas líneas dejan muy claro que, lejos de temer el colapso de este Estado, es deber de todos los revolucionarios genuinos trabajar por lograr el colapso del viejo Estado burocrático militar – el Estado de los opresores del pueblo egipcio – y crear un Estado nuevo y auténticamente democrático, basado en las reglas de la mayoría: los obreros y campesinos.

Es precisamente porque la revolución estuvo a punto de alcanzar este objetivo que las fuerzas del antiguo régimen están intentando hacer una reaparición. Están tratando de hacer retroceder el reloj, para liquidar la Revolución egipcia y colocar la bota militar del ejército en el cuello de la gente. Ante tal perspectiva, cada uno de los comunistas y socialistas, trabajadores clasistas e intelectuales progresistas, y demócratas revolucionarios coherentes, debería luchar para derrotar a los contrarrevolucionarios.

Vergonzosamente, los dirigentes de Tagammu se ponen del lado equivocado de las barricadas: contra el pueblo revolucionario, con la contrarrevolución.

Una cuestión de dirección

Conforme pasa el tiempo la necesidad de un partido revolucionario y una dirección se hace más evidente. Pero esto no existe, o existe sólo en una forma embrionaria. Los Socialistas Revolucionarios (SR) tuvieron la oportunidad de alcanzar ellos mismos ese nivel. Tienen una base entre los jóvenes, tienen alguna influencia entre algunos trabajadores y gracias a su incansable trabajo tienen autoridad dentro de Plaza Tahrir. Pero todos estos logros no cuentan para nada sin una correcta línea revolucionaria.

Ya hemos comentado la posición que han adoptado estos camaradas hacia los Hermanos Musulmanes. No sólo pidieron el voto para la Hermandad en la segunda ronda de las elecciones, sino que realmente pidieron la formación de un gobierno de coalición de los Hermanos y la izquierda "para" salvar la Revolución. Esto es un error fundamental.

Para colmo, al adoptar una actitud muy conciliadora hacia la burguesa Hermandad, hicieron prueba de un enfoque mecánico dentro del movimiento de los trabajadores. Esto es precisamente lo contrario de lo que esperamos de los marxistas, y les ha aislado.

Tras el golpe, los SR hicieron una declaración que es bastante buena en su contenido, pero muestra un montón de pesimismo y desorientación en sus conclusiones. Esta valoración pesimista, que refleja una total falta de fe en las masas y en la clase obrera, les lleva a conclusiones políticas completamente falsas.

Por un lado, los SR dicen que "desde el 11 de febrero de 2011 la Hermandad ha sido una organización conservadora." Por otro lado, dicen que forma parte del movimiento revolucionario. Así, en lugar de corregir su error, lo repiten y profundizan. Dicen:

"Hacemos un llamamiento a las fuerzas revolucionarias para construir un movimiento de masas contra el golpe de Estado y los cambios en la Constitución". Estas "fuerzas revolucionarias" incluyen a los Hermanos Musulmanes.

Eso es totalmente falso. los Hermanos Musulmanes nunca han sido una fuerza revolucionaria. Los líderes de los Socialistas Revolucionarios han cometido un error que es la imagen invertida del error de los dirigentes de Tagammu. Estos últimos se oponen a los Hermanos Musulmanes, pero han tomado una posición aún peor, apoyando el ala abiertamente contrarrevolucionaria de la burguesía egipcia.

En la medida en que los Hermanos Musulmanes – es decir, la "oposición" del ala islamista de la burguesía, se vean obligados a oponerse al ala contrarrevolucionaria (la Junta) en los hechos, no sólo con las palabras, participaremos en cualquier acción que tienda a movilizar el mayor número de personas contra el régimen. Pero lo haremos bajo nuestra bandera, con nuestras propias consignas revolucionarias, con el objetivo de desenmascarar y desacreditar a los Hermanos Musulmanes, sin alimentar ilusiones en sus credenciales de "revolucionarios".

Debemos entender que los líderes burgueses de los Hermanos Musulmanes no son revolucionarios, mostrarán las mayores reticencias a la hora de actuar contra el régimen, harán todo lo posible para limitar y obstaculizar a las masas en sus acciones revolucionarias, debemos comprender que sólo se apoyan en las masas con el fin de obtener concesiones para sí mismos, y que se desvincularán del movimiento de masas en el momento en que obtengan menores concesiones.

La tarea de los Socialistas Revolucionarios no es presentar a este partido burgués como "parte del movimiento revolucionario," pedir el voto de los trabajadores para ellos y exigir un gobierno de coalición. Es aprovechar cada oportunidad para desenmascarar a esta organización y apartar a las masas de su influencia perniciosa.

Nuestra actitud

Escribí acerca de la primera ronda de las elecciones, que fue la parte más interesante del proceso electoral, aunque la segunda vuelta también mostró algunas novedades interesantes. Probablemente nunca sabremos cuál fue el resultado real, pero está claro que hubo manipulación. Todas las fuentes creíbles indicaban que un 15-20% del electorado había votado, pero las cifras oficiales (que se filtraron) apuntaban un porcentaje superior al 45% (el mismo o superior al de la primera ronda). Esto es una broma.

Hubo claramente un gran número de abstenciones, reflejando la indignación y desilusión con el montaje de la primera ronda. Mucha gente fue partidaria de un boicot, la única táctica correcta en estas circunstancias. Como dijo Omar Kamel, un activista egipcio: “dada la posibilidad de elegir entre comer mierda o comer mierda, la mayoría de los egipcios ha decidido que no tiene hambre,"

Al mismo tiempo, hay una fuerte ira hacia la Junta Militar debido a la disolución del Parlamento y a medidas similares. Alguien de Al Jazeera dijo algo así: "Sabemos que los corruptos hijos de puta en el Parlamento no eran buenos, pero la Junta no tenía derecho a disolver el Parlamento". Esto resume con precisión la posición.

El enfrentamiento entre el ejército y los Hermanos Musulmanes ha llevado a la guerra entre los dos bandos antagónicos de la burguesía egipcia. La clase obrera no es compatible con cualquiera de estas alas de la burguesía. Pero no somos en absoluto indiferentes a esta lucha, que ahora domina la vida política de la sociedad egipcia.

¿Qué actitud deberían tomar los marxistas egipcios en relación con la disolución del Parlamento? Por un lado, no hacerse ilusiones en el Parlamento en general y, mucho menos en este Parlamento en particular, que se encuentra en la misma relación a un Parlamento burgués normal como un gato castrado a un León.

Es una caricatura miserable, ¡Por supuesto que sí! Pero al mismo tiempo, debemos luchar contra cualquier intento del antiguo régimen por disolverlo, porque esto marcaría un paso atrás para la Revolución y una victoria para la contrarrevolución.

Sin duda, los generales están envalentonados ahora con un sentimiento de superioridad y confianza exagerada que puede resultar ser un grave error. Los agentes abiertos de la contrarrevolución reunidos en torno a Shafiq se proclaman ellos mismos como ganadores. Esto es una provocación flagrante, que está desatando una tormenta de indignación en la población.

Es posible que esta provocación conduzca a una mayor radicalización de la revolución. Es por esta razón que los imperialistas americanos son tan prudentes en sus declaraciones públicas. Poca duda cabe de que a pesar de sus frases "democráticas", Clinton y sus compañeros mafiosos no estarían demasiado molestos si los generales tomaran una vez más las riendas. Pero temen que un movimiento prematuro en esa dirección pueda conducir a nuevas e incontrolables explosiones.

Por esta razón, Washington, cuidadosamente, está estableciendo contactos con los líderes de los Hermanos Musulmanes.

El papel clave de la clase obrera

La revolución no es una marcha triunfal. Durará varios años, con flujos y reflujos inevitables. La contrarrevolución está a la ofensiva, como sucedió en julio y agosto en la Revolución rusa de 1917. Pero fue seguido por un movimiento mayor, aún más poderoso en el sentido de la revolución, que culminó en la Revolución Bolchevique.

La Revolución rusa culminó en el espacio de pocos meses debido a la presencia del partido bolchevique bajo el liderazgo de Lenin y Trotsky. Si tal partido existiera en Egipto, la clase trabajadora estaría ya en el poder. Es la ausencia de una dirección de este tipo lo que ha impedido hasta ahora a la Revolución egipcia alcanzar sus objetivos.

Las masas revolucionarias han mostrado repetidamente su potencial de lucha en toda una serie de huelgas, ocupaciones y protestas en las calles. Es la fuerza del movimiento de masas y no cualquier fórmula de las capas superiores, lo que obligará a la Junta a retirarse. Hacer tratos con los Hermanos Musulmanes tendrá precisamente el efecto contrario. Debilita la conciencia de clase de las masas y los alienta a aceptar el papel de espectadores pasivos en el juego parlamentario, mirando a los políticos para resolver sus problemas, en lugar de confiar en su propia fuerza. .

Las huelgas y manifestaciones, no las combinaciones electorales o coaliciones, son la única esperanza para derrocar al régimen. Se necesita una huelga general de todo Egipto, que integre la demanda de derrocamiento del antiguo régimen. Sólo se puede preparar intensificando las protestas en las calles y las huelgas, combinando las exigencias de pan, trabajo y vivienda con lemas democráticos coherentes, especialmente el eslogan de una Asamblea Constituyente revolucionaria.

La principal fuerza y motor de la Revolución egipcia es la clase obrera. La ola de huelgas ha entrado en su sexto año consecutivo, sin visos de tener un final. Ningún candidato presidencial, mullah o general del ejército puede detener esto, porque ninguno de ellos puede ofrecer ninguna solución a los problemas reales y urgentes de los trabajadores y sus familias.

Estas huelgas han enfrentado directamente a los trabajadores y el ejército repetidamente. Los trabajadores están aprendiendo a través de la experiencia que mientras la Junta Militar se mantenga en el poder, ninguna solución es posible. La lucha de los trabajadores es, necesariamente, una lucha política.

La lucha de los trabajadores también los ha enfrentado con los Hermanos Musulmanes, que representan a los jefes. Los trabajadores avanzados no albergan ilusiones sobre la naturaleza de clase de esta organización y los intereses que defiende. Conforme pasa el tiempo, la Hermandad se expondrá cada vez más. Se acelerará el proceso de desilusión entre las secciones de los pobres y jóvenes, provocando crisis y divisiones.

Este proceso se acelerará enormemente si los Socialistas Revolucionarios rompen completamente con los Hermanos Musulmanes y adoptan una posición de clase claramente independiente. Hacemos un llamamiento a su filas para corregir las posiciones erróneas de la dirección. La condición previa para el éxito y la victoria de la Revolución egipcia, es que la clase obrera se sitúe a la cabeza de la nación egipcia. Pero esto sólo puede lograrse sobre la base de una lucha despiadada contra cada facción de la burguesía, especialmente la de los Hermanos Musulmanes.

¡Ninguna confianza en los Hermanos Musulmanes!

¡Los trabajadores de Egipto deben confiar sólo en su propia fuerza y organizaciones!

¡Intensificar las huelgas y manifestaciones en la preparación de una huelga general!

¡Abajo con la Junta! ¡Por una Asamblea Constituyente revolucionaria!

Londres, 21 de junio de 2012

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